Declaración de Fe

Creemos que la Biblia es la
Infalible Palabra de Dios

Lucent University es una institución evangélica multidenominacional alineada con las enseñanzas históricas de bautistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, asambleístas e iglesias bíblicas independientes.

Resumen

Lucent University es una institución evangélica multidenominacional. Creemos que los manuscritos originales de la Biblia no tienen error ni falla. También creemos en los pilares históricos de la fe: Solo la Gracia (Sola Gratia), Solo la Fe (Sola Fide), Solo Cristo (Solus Christus), Solo la Escritura (Sola Scriptura) y Solo a Dios la Gloria (Soli Deo Gloria). Estamos alineados con las enseñanzas bíblicas históricas de los bautistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, las Asambleas de Dios y las iglesias bíblicas independientes. La Declaración de Fe de Lucent University se basa parcialmente en la Fe y Mensaje Bautistas de 2000.

Las Sagradas Escrituras

La Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados y es el registro de la revelación que Dios hace de Sí mismo a la humanidad. Es un tesoro perfecto de instrucción divina. Tiene a Dios por autor, la salvación por propósito y la verdad, sin mezcla alguna de error, por contenido. Es inerrante e infalible en sus manuscritos originales, y debe considerarse verbalmente inspirada. Revela los principios por los cuales Dios nos juzga; y, por lo tanto, es y seguirá siendo hasta el fin del mundo el verdadero centro de la comunión de los creyentes y la norma suprema por la cual deben evaluarse toda conducta, todo credo y toda opinión teológica. El criterio supremo por el cual debe interpretarse la Biblia es Jesucristo.

Éx. 24:4; Dt. 4:1-2; 17:19; Jos. 8:34; Sal. 19:7-10; 119:11, 89, 105, 140; Is. 34:16; 40:8; Jer. 15:16; 36; Mt. 5:17-18; 22:29; Lc. 21:33; 24:44-46; Jn. 5:39; 16:13-15; 17:17; Hch. 2:16ss.; 17:11; Ro. 15:4; 16:25-26; 2 Ti. 3:15-17; He. 1:1-2; 4:12; 1 P. 1:25; 2 P. 1:19-21.

Dios

Hay un único Dios vivo y verdadero. Él es un Ser inteligente, espiritual y personal, el Creador, Redentor, Preservador y Soberano del universo. Dios es infinito en santidad y en todas las demás perfecciones. A Él le debemos el más alto amor, reverencia y obediencia. El Dios eterno se nos revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo, con atributos personales distintos, pero sin división alguna de naturaleza, esencia o ser.

Dios Padre

Dios como Padre reina con cuidado providencial sobre Su universo, Sus criaturas y la historia humana de acuerdo con los propósitos de Su gracia. Es todopoderoso, todo amor e infinitamente sabio. Dios es Padre en verdad para todos aquellos que llegan a ser hijos de Dios por la fe en Jesús. Es paternal en Su actitud hacia todos los seres humanos.

Gn. 1:1; 2:7; Éx. 3:14; 6:2-3; 15:11ss.; 20:1ss.; Lv. 22:2; Dt. 6:4; 32:6; 1 Cr. 29:10; Sal. 19:1-3; Is. 43:3, 15; 64:8; Jer. 10:10; 17:13; Mt. 6:9ss.; 7:11; 23:9; 28:19; Mr. 1:9-11; Jn. 4:24; 5:26; 14:6-13; 17:1-8; Hch. 1:7; Ro. 8:14-15; 1 Co. 8:6; Gá. 4:6; Ef. 4:6; Col. 1:15; 1 Ti. 1:17; He. 11:6; 12:9; 1 P. 1:17; 1 Jn. 5:7.
Dios Hijo

Jesucristo es el Hijo eterno de Dios. En Su encarnación, fue concebido del Espíritu Santo y nació de la virgen María. Jesús reveló y cumplió perfectamente la voluntad de Dios, tomando sobre Sí las demandas de la naturaleza humana e identificándose plenamente con la humanidad, pero sin pecado. Honró la ley divina con Su obediencia personal, y en Su muerte en la cruz hizo provisión para la redención de los hombres del pecado. Resucitó de entre los muertos con un cuerpo glorificado y se apareció a Sus discípulos. Ascendió a los cielos y ahora está exaltado a la diestra de Dios, donde es el Único Mediador, partícipe de la naturaleza de Dios y de la humanidad, en cuya Persona se efectúa la reconciliación entre Dios y los hombres. Él volverá con poder y gloria para juzgar al mundo y consumar Su misión redentora. Ahora habita en todos los creyentes como el Señor vivo y siempre presente.

Gn. 18:1ss.; Sal. 2:7ss.; 110:1ss.; Is. 7:14; 53; Mt. 1:18-23; 3:17; 8:29; 11:27; 14:33; 16:16, 27; 17:5; 27; 28:1-6, 19; Mr. 1:1; 3:11; Lc. 1:35; 4:41; 22:70; 24:46; Jn. 1:1-18, 29; 10:30, 38; 11:25-27; 12:44-50; 14:7-11; 16:15-16, 28; 17:1-5, 21-22; 20:1-20, 28; Hch. 1:9; 2:22-25; 7:55-56; 9:4-5, 20; Ro. 1:3-4; 3:23-26; 5:6-21; 8:1-3, 34; 10:4; 1 Co. 1:30; 2:2; 8:6; 15:1-8, 24:28; 2 Co. 5:19-21; Gá. 4:4-5; Ef. 1:20; 3:11; 4:7-10; Fil. 2:5-11; Col. 1:13-22; 2:9; 1 Ts. 4:14-18; 1 Ti. 2:5-6; 3:16; Tit. 2:13-14; He. 1:1-3; 4:14-15; 7:14-28; 9:12-15, 24-28; 12:2; 13:8; 1 P. 2:21-25; 3:22; 1 Jn. 1:7-9; 3:2; 4:14-15; 5:9; 2 Jn. 7-9; Ap. 1:13-16; 5:9-14; 12:10-11; 13:8; 19:16.
Dios Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios. Inspiró a santos hombres de la antigüedad para que escribieran las Escrituras. Por Su iluminación, capacita al ser humano para comprender la verdad. Él exalta a Jesús. Convence de pecado, de justicia y de juicio. Atrae a los hombres al Salvador y efectúa la regeneración. Cultiva el carácter cristiano, consuela a los creyentes y concede los dones espirituales con los que sirven a Dios por medio de Su iglesia. Él sella al creyente para el día de la redención final. Su presencia es la garantía de que Dios llevará al cristiano a la plenitud de la estatura de Cristo. Ilumina y capacita al creyente y a la iglesia en la adoración, el evangelismo y el servicio.

Gn. 1:2; Jue. 14:6; Job 26:13; Sal. 51:11; 139:7ss.; Is. 61:1-3; Jl. 2:28-32; Mt. 1:18; 3:16; 4:1; 12:28-32; 28:19; Mr. 1:10, 12; Lc. 1:35; 4:1, 18-19; 11:13; 12:12; 24:49; Jn. 4:24; 14:16-17, 26; 15:26; 16:7-14; Hch. 1:8; 2:1-4, 38; 4:31; 5:3; 6:3; 7:55; 8:17, 39; 10:44; 13:2; 15:28; 16:6; 19:1-6; Ro. 8:9-11, 14-16, 26-27; 1 Co. 2:10-14; 3:16; 12:3-11; Gá. 4:6; Ef. 1:13-14; 5:18; 1 Ts. 5:19; 1 Ti. 3:16; 2 Ti. 1:14; 3:16; He. 9:8, 14; 2 P. 1:21; 1 Jn. 4:13; 5:6-7; Ap. 1:10; 22:17.

Humanidad

La humanidad fue creada por Dios, a Su propia imagen, con el propósito de tener comunión con Él. En el principio, la humanidad no tenía pecado y estaba dotada por el Creador de libre albedrío. Por libre elección, la humanidad desobedeció a Dios y trajo el pecado al mundo. Hay una sola raza, de una misma sangre: la raza humana. La división en razas es fruto de la naturaleza caída, en un intento de negarle amor al prójimo. La raza humana tiene dos géneros biológicos distintos: masculino y femenino. El hombre y la mujer fueron creados para complementarse en el matrimonio — unión de por vida entre un hombre nacido biológicamente hombre y una mujer nacida biológicamente mujer. El matrimonio es la base de la familia y de la sociedad, y la sexualidad debe disfrutarse en ese contexto. Toda vida humana es sagrada, creada por Dios a Su imagen desde la concepción hasta la muerte natural, con un valor inestimable, incluidos los bebés en el vientre, los ancianos y las personas con discapacidades físicas o mentales.

Génesis 1:26-27; 2:24; Mateo 19:5-6; Marcos 10:6-9; Romanos 1:26-27; 1 Corintios 6:9; Mateo 28:19; Proverbios 24:23; Santiago 2:8-9; 1 Juan 2:11; 3:15-16; Colosenses 3:25; Gálatas 3:28; 1 Juan 4:19-21; Efesios 4:32; 1 Timoteo 5:21; Juan 7:24; Romanos 2:11; 10:12; 12:3; Deuteronomio 10:17-35; Hechos 10:34-35; 1 Corintios 12:13; Marcos 12:31; Hechos 17:26; Salmo 139:13; Isaías 49:1; Jeremías 1:5; Mateo 22:37-39; Romanos 12:20-21; Gálatas 6:10.
Hombres y Mujeres

Hombres y mujeres tienen igual valor y dignidad delante de Dios, con roles y responsabilidades complementarios. Ambos son dotados por el Espíritu Santo para servir en la iglesia. Las Escrituras indican que el ministerio pastoral está reservado a hombres bíblicamente calificados, mientras que el servicio ministerial y el liderazgo de las mujeres en la iglesia deben ser plenamente valorados, alentados y celebrados en sus diversas áreas de acción.

1 Ti. 2:12; 3:1-2; Mt. 16:15-19; 18:15-20; Hch. 2:41-42, 47; 5:11-14; 6:3-6; 13:1-3; 14:23, 27; 15:1-30; 16:5; 20:28; Ro. 1:7; 1 Co. 1:2; 3:16; 5:4-5; 7:17; 9:13-14; 12; Ef. 1:22-23; 2:19-22; 3:8-11, 21; 5:22-32; Fil. 1:1; Col. 1:18; 1 Ti. 2:9-14; 3:1-15; 4:14; He. 11:39-40; 1 P. 5:1-4; Ap. 2-3; 21:2-3.

Salvación

La salvación abarca la redención completa de la persona y se ofrece gratuitamente a todos los que aceptan a Jesucristo como Señor y Salvador, quien por Su propia sangre obtuvo eterna redención para el creyente. En su sentido más amplio, la salvación incluye la regeneración, la santificación y la glorificación.

I. Regeneración

La regeneración, o nuevo nacimiento, es una obra de la gracia de Dios por la cual los creyentes se convierten en nuevas criaturas en Cristo Jesús. Es un cambio de corazón operado por el Espíritu Santo mediante la convicción de pecado, a la cual el pecador responde con arrepentimiento sincero hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo.

Arrepentimiento y fe son experiencias inseparables de la gracia. El arrepentimiento es el abandono genuino del pecado volviéndose a Dios. La fe es la aceptación de Cristo y la entrega de toda la vida a Él como Señor y Salvador. La justificación es el acto misericordioso y pleno por el cual Dios absuelve al pecador que cree, llevando al creyente a una relación de paz y favor con el Padre.

II. Santificación

La santificación es el proceso iniciado en la regeneración por el cual el creyente es apartado para los propósitos de Dios, siendo capacitado para progresar en rectitud moral y espiritual mediante la presencia y el poder del Espíritu Santo que mora en él. El crecimiento en la gracia debe continuar a lo largo de toda la vida terrenal del redimido.

III. Glorificación

La glorificación es la culminación de la salvación, consistente en el estado final, eterno y bienaventurado de todos los redimidos.

Gn. 3:15; Éx. 3:14-17; 6:2-8; Mt. 1:21; 4:17; 16:21-26; 27:22 a 28:6; Lc. 1:68-69; 2:28-32; Jn. 1:11-14, 29; 3:3-21, 36; 5:24; 10:9, 28-29; 15:1-16; 17:17; Hch. 2:21; 4:12; 15:11; 16:30-31; 17:30-31; 20:32; Ro. 1:16-18; 2:4; 3:23-25; 4:3ss.; 5:8-10; 6:1-23; 8:1-18, 29-39; 10:9-10, 13; 13:11-14; 1 Co. 1:18, 30; 6:19-20; 15:10; 2 Co. 5:17-20; Gá. 2:20; 3:13; 5:22-25; 6:15; Ef. 1:7; 2:8-22; 4:11-16; Fil. 2:12-13; Col. 1:9-22; 3:1ss.; 1 Ts. 5:23-24; 2 Ti. 1:12; Tit. 2:11-14; He. 2:1-3; 5:8-9; 9:24-28; 11:1-12:8, 14; Stg. 2:14-26; 1 P. 1:2-23; 1 Jn. 1:6 a 2:11; Ap. 3:20; 21:1 a 22:5.

La Gracia Soberana y Perseverancia

La elección es el misericordioso propósito de Dios, según el cual Él regenera, santifica y glorifica a los pecadores. Es perfectamente compatible con el libre albedrío humano y abarca todos los medios en conexión con el fin. Es una demostración maravillosa de la bondad soberana de Dios, infinitamente sabia, santa e inmutable. Excluye toda jactancia y promueve una profunda humildad.

Todos los verdaderos creyentes perseveran hasta el fin. Aquellos a quienes Dios ha aceptado en Cristo y santificado por Su Espíritu jamás caerán en condenación final, sino que serán guardados por el poder de Dios mediante la fe para la salvación eterna.

Gn. 12:1-3; Éx. 19:5-8; 1 S. 8:4-7, 19-22; Is. 5:1-7; Jer. 31:31ss.; Mt. 16:18-19; 21:28-45; 24:22, 31; 25:34; Lc. 1:68-79; 2:29-32; 19:41-44; 24:44-48; Jn. 1:12-14; 3:16; 5:24; 6:44-45, 65; 10:27-29; 15:16; 17:6, 12, 17-18; Hch. 20:32; Ro. 5:9-10; 8:28-29; 10:12-15; 11:5-7, 26-36; 1 Co. 1:1-2; 15:24-28; Ef. 1:4-23; 2:1-10; 3:1-11; Col. 1:12-14; 2 Ts. 2:13-14; 2 Ti. 1:12; 2:10, 19; He. 11:39-12:2; 1 P. 1:2-5, 13; 2:4-10; 1 Jn. 1:7-9; 2:19; 3:2.

El Gran Mandamiento

Amar a Dios y al prójimo es el mayor de todos los mandamientos y el cumplimiento de toda la Ley. Al amar a Dios y al prójimo según las Escrituras, la persona demuestra que verdaderamente ha nacido de Dios. Este amor se manifiesta en la obediência a Sus mandamientos y en una vida de integridad, justicia y pureza en cuerpo, mente y espíritu.

Mt. 22:34-40; Mr. 12:28-31; Lc. 10:25-37; Ro. 13:9-10; Gá. 6:10; Éx. 19:5, 6; 1 Jn. 4:20-21; Ec. 12:11; Is. 22:24; Jer. 8:2; Sal. 103:1.

La Iglesia

Una iglesia local según el modelo del Nuevo Testamento es una congregación autónoma de creyentes bautizados, asociados mediante pacto en la fe y comunión del evangelio; observando las ordenanzas bíblicas del Bautismo y de la Cena del Señor; comprometidos con Sus enseñanzas; ejerciendo los dones espirituales y dedicados a proclamar el evangelio hasta los confines de la tierra.

El Nuevo Testamento también se refiere a la Iglesia como el cuerpo universal de Cristo, que reúne a todos los redimidos de todas las épocas, naciones y lenguas.

Mt. 16:15-19; 18:15-20; Hch. 2:41-42, 47; 5:11-14; 6:3-6; 13:1-3; 14:23, 27; 15:1-30; 16:5; 20:28; Ro. 1:7; 1 Co. 1:2; 3:16; 5:4-5; 7:17; 9:13-14; 12; Ef. 1:22-23; 2:19-22; 3:8-11, 21; 5:22-32; Fil. 1:1; Col. 1:18; 1 Ti. 3:1-15; 4:14; 1 P. 5:1-4; Ap. 2-3; 21:2-3.

El Reino de Dios

El Reino de Dios abarca tanto Su soberanía universal sobre la creación como Su señorío particular sobre quienes voluntariamente Lo reconocen como Rey. El Reino es el ámbito de la salvación, en el cual se entra por la confianza sincera en Cristo. Todo seguidor de la Biblia está llamado a orar y a trabajar para que el Reino venga y la voluntad de Dios se haga en la tierra, a la espera de la plena consumación en el regreso de Jesús.

Gn. 1:1; Is. 9:6-7; Jer. 23:5-6; Mt. 3:2; 4:8-10, 23; 12:25-28; 13:1-52; 25:31-46; 26:29; Mr. 1:14-15; 9:1; Lc. 4:43; 8:1; 9:2; 12:31-32; 17:20-21; 23:42; Jn. 3:3, 18-36; Hch. 1:6-7; 17:22-32; Ro. 5:17; 8:19; 1 Co. 15:24-28; Col. 1:13; He. 11:10, 16; 12:28; 1 P. 2:4-10; 4:13; Ap. 1:6, 9; 5:10; 11:15; 21-22.

Las Últimas Cosas

Según Su promesa infalible, Jesucristo regresará de manera personal y visible, en gloria. Los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros, los que estemos vivos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Después de la manifestación de los juicios divinos en la Gran Tribulación, el Señor Jesús vendrá con Sus santos para establecer Su reino milenial.

Cristo juzgará a todos con justicia. Los redimidos, por el sacrificio de Jesús, con cuerpos resucitados y glorificados, recibirán sus recompensas y morarán para siempre con el Señor en el cielo. Los no salvos serán separados de la presencia de Dios y arrojados al lago de fuego eterno.

Is. 2:4; 11:9; Mt. 16:27; 18:8-9; 19:28; 24:27, 30, 36, 44; 25:31-46; 26:64; Mr. 8:38; 9:43; Lc. 12:40, 48; 16:19-26; 17:22-37; 21:27-28; Jn. 14:1-3; Hch. 1:11; 17:31; Ro. 14:10; 1 Co. 4:5; 15:24-28, 35-58; 2 Co. 5:10; Fil. 3:20-21; Col. 1:5; 3:4; 1 Ts. 4:14-18; 5:1ss.; 2 Ts. 1:7ss.; 2; 1 Ti. 6:14; 2 Ti. 4:1, 8; Tit. 2:13; He. 9:27-28; Stg. 5:8; 2 P. 3:7ss.; 1 Jn. 2:28; 3:2; Jud. 14; Ap. 1:18; 3:11; 20:1 a 22:13.